domingo, 14 de septiembre de 2014

LA APARICIÓN DE LA SANTA CRUZ

Artículo publicado en el programa de fiestas de Mahoya del año 2014.

Hay leyendas y tradiciones, generalmente apócrifas, establecidas a lo largo de la historia, que son aceptadas por las gentes sencillas como hechos incuestionables, pero que razonadamente no lo son, con las que se pretende justificar lo que es indemostrable. 

Por una publicación impresa en el siglo XVIII, sabemos que en Abanilla ya existía, al menos desde 1564, la Cofradía de la Santa Cruz, con lo que este año 2014 se cumple el 450 aniversario, siendo la noticia más lejana que se ha encontrado al respecto, existente en la Real Academia de la Historia, en Madrid (1). Este dato se reflejó al año siguiente en el libro de la “Historia de nuestra Parroquia”, así como lo especificado en el informe de las Hermandades y Cofradías de 1770 (2): La procesión a bañar la cruz en el agua de la huerta, con música, danza y soldadesca (3). Es la primera referencia documentada sobre el ritual del 3 de mayo, que se mantiene hasta ahora, lo cual no quiere decir que no se hiciera con anterioridad, aunque no se puede afirmar con certeza (4). La existencia de la cofradía desde 1564, no implica necesariamente la celebración festiva de la Santa Cruz, como se relata en el siglo XVIII, ni la creencia en la leyenda y la milagrería, pues en los territorios bajo la jurisdicción de las Órdenes Militares se instituyeron estas cofradías de forma obligatoria, cuya misión principal era la solemne celebración de la Pasión y Muerte del Señor, el Viernes Santo. (5)

Mediado el siglo XIX, el diccionario de Pascual Madoz define la efeméride de nuestra fiesta de la Cruz de mayo con más detalles: Que es la fiesta que con más solemnidad se celebra en la villa…con procesión y baño en el lugar de Mahoya de “una cruz que piadosamente se dice aparecida”…con gran estrépito de trabucos, etc. Aquí ya tenemos la primera referencia de algo relacionado con la milagrería y la leyenda popular: “que piadosamente se dice aparecida”. No se ha encontrado nada de tipología inequívoca en referencia a esta piadosa aparición, por lo que hasta ahora permanece envuelta en la nebulosa del tiempo, aunque en 1917, con ocasión del folleto propagandístico editado con motivo de la inauguración de la carretera de Santomera a la Venta de los Collares y su paso por Abanilla y Mahoya, don Ricardo Guirao García, quizá por mimetismo con otras poblaciones del entorno festero de la Cruz escribió: Traída por apocalíptica figura en forma de guerrero, en momentos de suprema angustia y zozobra para los habitantes de aquel paraje, que al desvanecerse dejó en el lugar donde apareciera la Reliquia misteriosa… Avanzando en el tiempo, cinco años después, en 1922, los periódicos de la época dejaron constancia que Abanilla celebró con toda pompa y solemnidad “el Centenario de la aparición de la Santísima Cruz”, sin especificar más asuntos que los de la programación festera, con lo cual seguimos en la ignorancia de la noche de los tiempos.

En 1978, don José Riquelme Salar, en su “Historia de Abanilla”, trató de explicar “la aparición de una cruz espectral”, relacionándola con la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III. Refiere que dicha aparición fue vista por el alcalde Pedro Lozano y su hijo, en una heredad de su propiedad, en Benical, coincidente con el sitio donde posteriormente se erigió la ermita y que con anterioridad había un morabito.

Reseña que fue el 3 de mayo, al anochecer y que reunido el concejo a otro día se hizo constar en acta, cuyo paradero se desconoce. Está documentado que fue alcalde en 1628 (6). La leyenda más reciente en referencia a la aparición o encuentro de la Santa Cruz, en Mahoya, lo tenemos en el programa de fiestas de 1953, donde se narra la tradición de su hallazgo por los regantes, entre restos de comida, que unos soldados que por allí acamparon dejaron olvidada, allá por el siglo XV. Este relato lo hizo don Antonio Aguilera Bernabé (1890-1956), maestro de escuela y prolífero dramaturgo murciano de tendencia monárquica, alineado con el Nacional Catolicismo del momento, que cultivó la poesía, la narrativa y el teatro. Deduzco por su trayectoria profesional, que con los datos que disponía de la tradición y la historia documentada, trató de dar una explicación para que fuera asumida por las gentes sencillas, apropiada a las gestas de la Reconquista, con el aditamento de los soldados que por allí acamparon a finales de la Edad Media o principio de la Moderna, justificando con ello el simulacro de batalla entre el bando moro y el cristiano, en Santa Ana y en Mahoya, y toda la función de soldadesca que se refleja en los documentos ya reseñados de los siglos XVIII y XIX, en programas de fiestas y en noticias de prensa que se conservan desde el principio del siglo XX. En el programa de fiestas de 1983, se publicó un escrito sobre la Santísima Cruz, de don José Moreno Gil, maestro de escuela, que recoge la trilogía festera y otras historias que a él le gustaba relatar a sus alumnos, y yo fui alumno suyo, en la que da sentido histórico a esta leyenda, presuntamente elaborada por don Antonio Aguilera Bernabé. Cuestionando todo este bagaje de la épica y la lírica llevada al terreno popular, sin entrar a valorar la veracidad de “las apariciones apocalípticas o espectrales”, el mayor porcentaje de credibilidad, según mi entender, pudiera estar en el relato de don José Riquelme Salar, en el siglo XVII, cuando se produjo la Reconquista Sagrada, ya relatada en mi escrito del programa de fiestas de 2011, con la llegada a nuestra diócesis Cartaginense de múltiples reliquias de santos y Lignum Crucis tras la expulsión de los moriscos, arropándolos con apariciones y milagrerías varias en aquellos lugares donde se establecieron. Por tanto, en 1922, nuestros antepasados, posiblemente lo que celebraron fuese el III Centenario de la llegada del primer Lignun Crucis, envuelto con la leyenda de la aparición al alcalde Pedro Lozano de una cruz espectral, en Mahoya, o con la versión de la figura apocalíptica en forma de guerrero, de don Ricardo Guirao. A ese supuesto Lignum Crucis se le perdió la pista en 1936, tras su confiscación, en cumplimiento de instrucciones gubernamentales. En 1939 nos enviaron desde el Vaticano otro, de lo que ahora se cumple el LXXV Aniversario. Con esta tesitura por mí elaborada, en base a lo hasta ahora recopilado, en 2022 podríamos celebrar el IV Centenario, siempre y cuando, hasta entonces, no se encuentren referencias que puedan concretar más el correspondiente ordinal. Con las reservas oportunas, considero que en 1922 no se celebró el referido centenario sin que hubiera un respaldo histórico que lo avalara, del que por los avatares hemos perdido su referencia concreta en el tiempo.

Eugenio Marco Tristán, cronista oficioso de Favanella.