El arte del esparto vuelve a tejerse en el patio de la Encomienda
El pasado viernes 17 de julio, el histórico patio del edificio de la Encomienda se llenó de vida, recuerdos y saber hacer. Desde nuestra asociación organizamos con gran ilusión un corro espartero, una actividad pensada para reencontrarnos con uno de los oficios más profundamente arraigados en el alma de nuestro pueblo.
El protagonista indiscutible de la tarde fue el esparto, esa recia y humilde planta que crece en nuestros parajes y que durante siglos se ha arrancado de los montes para dar sustento a tantas familias. Para esta ocasión, el esparto empleado fue traído directamente desde Cieza. Antes de que las manos comenzaran a entrelazar las fibras, nuestro tesorero, Adrián, se encargó de un paso fundamental: remojar los manojos en el agua de la fuente del patio de la Encomienda para darles la flexibilidad necesaria.
La jornada se desarrolló en un ambiente de convivencia inmejorable, estructurando a los participantes en dos grupos que representaban el ciclo vital de nuestras tradiciones:
Los expertos: Aquellos hombres y mujeres que llevan este arte grabado en la piel y que dominan la técnica desde siempre, moviendo los dedos con una soltura que solo otorgan los años.
Los aprendices: Un grupo de personas motivadas por la curiosidad y el respeto a nuestra cultura, deseosas de aprender a dar sus primeros pasos. Fue el propio Adrián quien asumió el papel de maestro, guiando con paciencia a este grupo entre pleitas y cordelillos.
De la dura necesidad al placer de conservar un arte
Observar trabajar a las personas más veteranas fue, sin duda, el momento más conmovedor de la tarde. No podemos olvidar que Abanilla fue un pueblo con una potente economía local sostenida por esta fibra. Históricamente, mientras los hombres se enfrentaban a la dureza del monte para recoger el esparto, las mujeres pasaban horas interminables en los talleres y en sus propios hogares confeccionando todo tipo de enseres. Su esfuerzo abastecía principalmente a la industria olivarera y a las almazaras, siendo los creadores de los indispensables capachos utilizados para el prensado de la oliva.
En aquel entonces, las manos se movían a un ritmo frenético dictado por la estricta necesidad: cuanto más se producía, más se
ganaba, y cada céntimo era vital para poder comprar comida. En este taller sin embargo, esas mismas manos tejían bajo una premisa muy distinta. Ya no lo hacían por supervivencia, sino por el puro gusto de crear, de recordar y de compartir.
Resulta emocionante y nostálgico constatar que todo este complejo arte sigue vivo en sus cabezas, intacto, a pesar de que el mundo ha cambiado. La tecnología ha avanzado a pasos agigantados y los procesos industriales modernos han dejado obsoletos a los capachos en el prensado de la oliva. El esparto ya no es una urgencia vital, pero se ha transformado en un tesoro invaluable de nuestro patrimonio.
El corro: trabajo, confidencias y vida en comunidad
Hay un aspecto fundamental que revivimos ayer y que va más allá de la pura técnica: el componente humano. Históricamente, el corro espartero no era únicamente un centro de producción, sino un auténtico núcleo social.
En esos encuentros, mientras las manos trabajaban ágilmente de forma casi automática, tejiendo pleitas sin apenas necesidad de mirar, se tejía también la vida comunitaria. Las mujeres se reunían en los corros no solo para trabajar, sino para compartir sus preocupaciones diarias, hablar de sus cosas y ponerse al día de todo lo que ocurría en el pueblo. Era un espacio de desahogo, de confidencias, a veces de cantos tradicionales, y de un profundo apoyo mutuo que hacía mucho más llevadera la dureza de las jornadas. Ayer, en la Encomienda, pudimos volver a escuchar el murmullo de esas conversaciones que siempre han acompañado al sonido del esparto al trenzarse.
Nuestro compromiso con la memoria de Abanilla
Desde ACUNA sentimos que es nuestro deber interesarnos por todas estas tradiciones locales, protegerlas y darles la difusión que merecen para evitar que se desvanezcan en el olvido. No queremos que se pierda la memoria de lo que fuimos.
Esta firme vocación de salvaguarda es la misma razón que nos impulsó, en su momento, a dedicar una gran parte de nuestro esfuerzo a la creación de nuestro museo virtual. A través de él, seguimos trabajando para que la industria del esparto, sus utensilios y la abnegada e histórica labor de las familias en el hogar sigan siendo accesibles para las generaciones futuras.
En esta actividad demostramos que el hilo que nos une a nuestro pasado sigue siendo tan resistente como el mejor de los espartos.












